Teletexto: la primera web en la que pudimos navegar

Hoy voy hablarte del teletexto. Una tecnología que no solo se merece este artículo, sino un rincón en nuestro corazón nostálgico.
Antes de Internet, antes del Wi-Fi, incluso antes del módem ruidoso que gritaba como un gremlin, existía una forma mágica —y silenciosa— de acceder a información: el teletexto.
Si tenías una tele en los 90, seguro que alguna vez pulsaste el botón “TXT” del mando y viste aparecer aquella pantalla negra con letras cuadradas y números misteriosos.
Si no te suena, tranquilo: como diría Might Guy, aún cuentas con el poder de la juventud.
Pero si lo viviste… sabes perfectamente de qué hablo.
La magia del teletexto

Curioso: en los 90 esto se emitía sin filtro en cualquier televisor. En 2025, he tenido que «pixelar los píxeles» para poder contarlo. Así progresa la libertad digital.
Yo me pasaba horas explorando páginas al azar, buscando tesoros escondidos como quien lanza hechizos.
145. 302. 615.
A ver qué salía. A veces nada, a veces algo que te dejaba clavado.
Y, vale, lo confieso: también estaban esos momentos de adrenalina cuando intentaba cargar las páginas de “anuncios para adultos” antes de que mis padres llegaran a casa. Esto ahora a muchos os parecerá una tontería, pero los que se dejaban los ojos los viernes por la noche viendo el canal plus codificado saben de lo que hablo.
No tenía ni idea de cómo funcionaba, pero me tenía hipnotizado.
Y lo más sorprendente: nadie me vigilaba. Nadie me seguía.
Era un rincón limpio, directo, casi humano.
Un pequeño milagro escondido entre líneas de vídeo que parecía hablarte a ti y solo a ti.
¿Qué es el teletexto?
El teletexto fue un sistema que aprovechaba la propia señal de televisión analógica para enviar información digital: texto, números y símbolos codificados dentro del vídeo.
¿Cómo lo hacía? Usando algo que ya estaba ahí pero nadie veía: las líneas invisibles del barrido vertical (el llamado Vertical Blanking Interval, o VBI).
En una señal PAL estándar, cada imagen tenía 625 líneas, pero solo unas 576 se usaban para mostrar la imagen real.
Las restantes —las de “borrado” entre fotogramas— estaban vacías.
Y ahí fue donde los ingenieros metieron los datos.
Cada línea del VBI podía transportar unos 45 bytes de información, organizados en pequeños paquetes de 7 bits por carácter.
El televisor, si tenía un decodificador de teletexto, leía esas líneas ocultas, traducía los bits a letras y números, y los mostraba en pantalla con colores básicos y gráficos tipo mosaico.
Las páginas del sistema se transmitían en bucle continuo, una detrás de otra, dentro de la señal del canal.
Si pedías, por ejemplo, la página 150, el televisor tenía que esperar a que esa página volviera a pasar por el flujo.
Por eso a veces tardaba unos segundos en aparecer.
Era un truco elegante y simple: usar espacio no visible del vídeo para crear un flujo paralelo de datos.
Una red de información unidireccional que funcionaba sin Internet, sin cables, sin permisos… solo con una antena y algo de ingenio.
Cómo nació el teletexto (y quién lo inventó)
Todo comenzó en la BBC británica, allá por 1972.
Un grupo de ingenieros encabezado por Sir John Adams se propuso una misión: hacer la televisión más accesible para personas sordas.
De esa idea nació Ceefax, el primer sistema de teletexto del mundo.
El principio era brillante: usar las líneas invisibles del vídeo —las que el ojo humano no ve— para enviar datos de texto.
El televisor, si tenía el decodificador adecuado, los interpretaba y mostraba las páginas con noticias, resultados o subtítulos.
Teletexto en España: cuando la tele también informaba

En 1974 Ceefax empezó a emitir oficialmente. Y en 1988 RTVE hizo lo mismo en España, marcando un antes y un después en la forma de informarse.
Durante años fue la herramienta más usada por millones de personas: periodistas, aficionados al deporte, gente mayor, y curiosos como yo.
En España, el teletexto se convirtió en un clásico de sofá y mando a distancia.
Las páginas 100 y 200 eran territorio conocido: portada y deportes.
La 888, una leyenda para las personas sordas: subtítulos en tiempo real, un avance social gigantesco.
RTVE, Antena 3, Telecinco y casi todas las cadenas lo adoptaron.
Y lo mejor: era gratis. Sin suscripciones, sin conexión, sin “términos y condiciones”.
El teletexto te daba información, punto.
El declive y su sorprendente resistencia
Cuando llegó Internet y luego las redes sociales, el teletexto fue perdiendo brillo. Pero nunca se apagó del todo.
En 2025, todavía puedes pulsar el botón “TXT” en muchas teles y ver esas letras cuadradas que se resisten a morir.
Y no solo en España. En varios países europeos, el teletexto sigue vivo y coleando.
Alemania, Suiza, Austria, Suecia o Dinamarca mantienen sus servicios activos, actualizando noticias y resultados deportivos a diario.
En Países Bajos, el NOS Teletekst sigue siendo tan popular que incluso tiene su propia web y app oficial que emulan la estética original.
En cambio, Reino Unido lo cerró oficialmente en 2012, aunque muchos nostálgicos siguen visitando versiones digitales creadas por fans.
El teletexto en la era digital
¿Y en la era digital? Sí, el teletexto también viaja por las señales modernas.
En la TDT (Televisión Digital Terrestre), los datos de teletexto se incluyen dentro del flujo MPEG-TS del canal, lo que permite que los televisores compatibles sigan mostrando las páginas de siempre.
Así que, aunque el teletexto nació en la era analógica, ha sabido adaptarse: sobrevive escondido en los bits de la televisión digital, esperando a que alguien pulse el botón “TXT” del mando.
Y si te gusta el cacharreo, te encantará saber que hoy en día puedes decodificar señales de teletexto con un receptor SDR (Software Defined Radio).
Con un poco de paciencia y herramientas como TtxFromTS o StreamXpert, puedes capturar el flujo de una señal digital (DVB-T) y extraer las viejas páginas de teletexto, tal como aparecían en los años 90.
Y si solo quieres curiosear sin complicarte, algunas cadenas permiten acceder al teletexto directamente desde Internet.
Por ejemplo, puedes consultar el de RTVE desde su propia web oficial.

El espíritu del teletexto y lo que nos enseñó
El teletexto no solo transmitía datos. Transmitía una idea: la información puede ser libre, accesible y sin condiciones.
No necesitaba saber quién eras para ofrecerte algo útil.
Y eso, hoy, parece revolucionario.
A veces pienso que el teletexto fue la última tecnología inocente: hecha para servir, no para recolectar.
Y por eso muchos lo recordamos con una mezcla de cariño y respeto.
Era un invento pequeño, sí. Pero también un símbolo de una época en la que la curiosidad bastaba.
El teletexto fue el primer Internet sin Internet.
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