Cómo AdSense puede hundir tus ingresos sin avisar

A ver, Google: si me quieres fastidiar, dímelo a la cara.
No hace falta que me hagas ghosting económico.

Porque esto ya no es una “fluctuación normal”, ni un “ajuste del mercado”, ni “tráfico inválido”.
No, amigos.
Esto es el equivalente digital de llegar a casa y descubrir que alguien te ha cambiado los billetes de 50 por servilletas del Mercadona.

Y lo peor:
todo pasa en silencio, sin avisos, sin explicaciones y sin que puedas defenderte.
El sueño de cualquier relación tóxica, pero aplicado a monetización web.

El desplome fantasma de AdSense: todo sigue igual… excepto tus ingresos

Los síntomas son tan comunes que parecen copiados y pegados:

  • Tu tráfico sigue ahí, como un campeón.
  • Tu contenido está más cuidado que tu última relación.
  • Las métricas, normales.
  • El CTR, normal.
  • Ni una advertencia en tu cuenta.
  • RPM estable entre 1,50 € y 3 €.

Y de repente, ¡zas!, un lunes cualquiera:

  • RPM desplomado a 0,02 €.
  • Ingresos que pasan de 400 € al mes a 4 € (sí, cuatro… lo que cuesta un café y medio).
  • Adiós a los anunciantes de verdad; hola anuncios de apps que no instalaría ni tu cuñado.
  • Y Google, como siempre, calladito.

Ni un correo.
Ni un aviso.
Ni una explicación técnica.
Nada.
Solo un “buenos días, editor, hoy vales menos que un chicle de menta.”

La penalización que Google nunca confiesa: te bajan el valor del inventario

Esto no es un castigo oficial.
No hay bandera roja.
No hay carta certificada de la República de Google.

Es peor:
Google decide que tu tráfico ya no merece anunciantes premium y te coloca en el gallinero.

Consecuencias inmediatas:

  • Te expulsan de las pujas buenas.
  • Te llenan la web de anuncios de relleno.
  • Tu RPM cae como si le hubieran quitado las pilas.
  • Tu cuenta de AdSense sigue sonriendo, pero te está vaciando la cartera.

El sueño húmedo de cualquier plataforma dominante:
penalizar sin penalizar.
Castigar sin admitir que castiga.

La frase más usada por Google para no decir nada: “tráfico inválido”

Si preguntas, te encuentras el mantra mágico:

“Hemos detectado tráfico inválido.”

Estupendo, Google, ¿y cuál?
Porque en ese saco cabe:

  • Gente usando VPN (como medio internet).
  • Usuarios sin cookies (como la otra mitad).
  • Previsualizaciones de redes sociales.
  • Bots buenos.
  • Bots malos.
  • Tu abuela abriendo la web desde el iPad.
  • Errores de medición del propio Google.

Todo sirve.
Nada se explica.

Y tú, que no has hecho nada malo, te comes:

  • Reducción de valor.
  • Caída de RPM.
  • Bloqueo de campañas premium.

Y cero mecanismos para demostrar tu inocencia.
Es como un examen sorpresa… pero sin profesor y con nota negativa por defecto.

El internet ya no es de humanos: es de máquinas que confunden a Google

Hoy, una parte enorme del tráfico viene de:

  • crawlers,
  • bots benignos,
  • herramientas de IA,
  • sistemas automáticos de análisis.

Nada de eso es fraude.
Pero deja señales raras, patrones extraños, cosas que al algoritmo le dan alergia.

Resultado:

  • Falsas alertas.
  • RPM que cae sin motivo.
  • Picos y valles absurdos.
  • Ingresos que parecen gráficos de criptomonedas en mal día.

El editor no controla nada…
pero paga por todo.

En Europa esto debería ser ilegal… pero Google tiene un truco

La UE exige transparencia cuando una decisión automatizada afecta económicamente a un ciudadano.
Pero Google se escapa usando dos frases mágicas:

  1. “Un editor de AdSense no es consumidor.”
  2. “AdSense no es un servicio esencial.”

Traducción al lenguaje humano:

  • No tenemos que explicarte nada.
  • No tenemos que ofrecerte defensa.
  • No tenemos que darte revisión humana.
  • No tenemos que justificar penalizaciones.
  • No tenemos que mostrar cómo funciona el algoritmo.

Vacío legal precioso.
Perfecto.
Muy elegante.
Te deja indefenso, pero oye, todo legal.

Lo que los editores europeos deberían exigir YA

  • Explicaciones claras cuando tu inventario pierde valor.
  • Revisión humana obligatoria cuando tu ingreso cae por decisión automatizada.
  • Fin de las penalizaciones silenciosas.
  • Transparencia real sobre criterios de calidad.
  • Auditorías independientes de los algoritmos programáticos.

No estamos pidiendo el Santo Grial.
Estamos pidiendo no quedarnos en bragas económicamente sin saber por qué.

Ningún algoritmo debería poder robarte tus ingresos sin dar explicaciones

Esto no va de técnica.
No va de fraude.
No va de “incidencias menores”.

Va de una cosa muy simple:

¿Puede una plataforma privada decidir cuánto vale tu trabajo sin dar explicaciones, sin permitir defensa y sin supervisión externa?

Porque si la respuesta es sí…
entonces estamos construyendo un internet donde los creadores no pintan nada.

Y créeme:
si dejamos que esto pase una vez, pasará siempre.

Es hora de levantar la ceja.
De hacer ruido.
Y de exigir responsabilidad en un sistema que ya funciona demasiado en la sombra.

Scroll al inicio