Las gigantes tecnológicas han encontrado una solución polémica para alimentar sus centros de datos de inteligencia artificial: construir pequeñas centrales nucleares. Mientras la demanda energética se dispara, Google, Microsoft y Oracle están apostando fuerte por la energía atómica, una decisión que plantea serias dudas sobre el futuro energético global.

La creciente demanda energética de los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial (IA) ha obligado a los titanes tecnológicos a buscar soluciones radicales. El Departamento de Energía de Estados Unidos está considerando un plan insólito: permitir la construcción de pequeñas centrales nucleares cerca de los centros de datos para suplir la voraz demanda de electricidad que genera el entrenamiento de los modelos de IA. Microsoft, Oracle y Google ya están dando los primeros pasos para hacer esto una realidad.
Microsoft y Oracle ya tienen luz verde para explorar la energía nuclear. En un movimiento sin precedentes, Oracle ha confirmado que tiene permiso para construir una central nuclear que alimentará su próximo centro de datos de IA. Mientras tanto, Microsoft está reactivando la polémica planta de Three Mile Island, escenario del peor desastre nuclear en la historia de Estados Unidos.
Google, por su parte, ha firmado un acuerdo con Kairos Power para construir entre seis y siete reactores nucleares modulares (SMR), que generarán 500 MW de energía libre de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. Sin embargo, este ambicioso proyecto plantea dudas razonables sobre su viabilidad, tanto por los desafíos técnicos como por los plazos propuestos.
La apuesta por los SMR no es nueva; llevan más de dos décadas en desarrollo, y su atractivo reside en su capacidad para minimizar residuos radiactivos, ser más seguros y reducir costos en comparación con los reactores tradicionales. Pero este tipo de tecnología aún no ha sido escalada comercialmente, y las licencias federales necesarias para su operación pueden extenderse por años, ralentizando su implementación.
El detonante de esta carrera hacia la energía nuclear ha sido la voracidad energética de la IA. Un ejemplo claro es la popular tecnología de modelos generativos como ChatGPT, que consume aproximadamente 10 veces más electricidad que una simple búsqueda en Google. Este consumo masivo de energía está llevando a las grandes compañías a replantearse sus estrategias energéticas, y la energía nuclear ha surgido como una alternativa atractiva para garantizar un suministro constante y libre de fluctuaciones, algo que no ofrecen otras fuentes como el gas o las energías renovables.
El interés de las Big Tech por la energía nuclear no se limita solo a la IA. Google, que ya ha firmado más de 115 acuerdos para obtener energía de fuentes renovables, está explorando nuevas formas de garantizar la fiabilidad de su suministro energético a largo plazo. El gigante de Silicon Valley no descarta cerrar más acuerdos con la industria nuclear, conscientes de que esta tecnología puede ser la clave para alimentar el crecimiento de la IA sin agravar la crisis climática.
Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, el costo energético asociado a su expansión parece estar fuera de control. La decisión de Google, Microsoft y Oracle de apostar por la energía nuclear para alimentar sus centros de datos plantea serias dudas sobre los riesgos y las consecuencias de esta tendencia. Si bien es cierto que la energía nuclear puede ser una solución «limpia» a corto plazo, las inversiones necesarias y los potenciales peligros de los reactores SMR sugieren que tal vez estamos ante una solución apresurada y peligrosa para un problema creado por la insaciable sed de energía de la IA. ¿No era todo más simple cuando solo dependíamos de la electricidad convencional?
