La Tragedia de Valencia y el Avispero de la Desinformación. Estamos Alimentando un Caos Peligroso

Hoy, queridos lectores, dada la sensibilidad de la situación, me voy a permitir escribiros de una manera más personal. Quiero llegar a ti, sí, a ti que tienes tu ideología política, tu opinión sobre la religión o tu pasión por ese equipo deportivo que luce esos colores que tanto sientes.

Voy a hablarte claro, como intento hacer siempre. Porque en estos tiempos tan complicados, la verdad es lo único que puede salvarnos de caer en la espiral de ruido y desinformación. Yo, como la mayoría de vosotros, sigo las noticias sobre el desastre de Valencia. Un poco de televisión pública o privada, prensa, radio comercial, radio de onda media, canales de YouTube, grupos de Telegram, Facebook, X, entre otros muchos. Intento evitar publicar noticias relacionadas con ciberataques de índole política de las que otros medios ya hacen eco, temas relacionados con conflictos bélicos o disputas entre potencias. También trato de no alimentar el temor a la inteligencia artificial. Aquí hablamos de la realidad, de cómo nos afecta la tecnología y el control social, sin caer en alarmismos fáciles.

Las noticias que podéis leer aquí tratan de invitar a la reflexión y sensibilizar a cualquier tipo de lector sobre los peligros a los que nos exponemos en internet, así como del control que la tecnología puede ejercer sobre la población. Y es que estamos más expuestos de lo que pensamos, y si no abrimos los ojos, seremos víctimas del sistema sin siquiera darnos cuenta.

Hoy, sin embargo, siento la necesidad de hablaros sobre cómo estamos alimentando un avispero peligroso, muchas veces sin darnos cuenta.
Cómo, inconscientemente, los ciudadanos contribuimos a crear un caos muy peligroso para un estado de bienestar.


Si estos días en vuestras redes sociales recibís notificaciones con publicaciones relacionadas con la catástrofe de la Comunidad Valenciana que estamos viviendo, muchas de cuentas que no conocéis ni habíais visto antes, esto se debe a que, en estos momentos, es un tema relevante de actualidad que genera mucha atención, como es normal. Esto los algoritmos de las redes sociales lo saben, y mientras sea noticia os van a bombardear con publicaciones relacionadas. Quizás pienses que este sistema está pensado para que estés informado. No te engañes, está pensado para retenerte usando la aplicación. Cuanto más tiempo pases viendo publicaciones sobre la tragedia, los propietarios de las distintas plataformas más dinero ganan. Este es un tema que daría para hablar mucho, pero ahora no quiero centrar vuestra atención en ello.

Tú y yo ya estamos clasificados en uno o varios colectivos por nuestra manera de pensar sobre ciertos temas. Hay colectivos para escribir un diccionario. Podemos ser de derechas o izquierdas, con sus respectivos ultras; podemos ser negacionistas, conspiranoicos, menas, machistas, feministas, boomers, millennials, y un larguísimo etcétera. La especie humana es de naturaleza sociable. La globalización y el avance en las telecomunicaciones hacen de las redes sociales el lugar idóneo para fermentar este caldo de cultivo.

Cuanto más hagas clic en una publicación o la comentes, ya sea para dar tu apoyo al mensaje o para expresar tu incomodidad, estás ayudando a la publicación a llegar a más gente, independientemente de que piensen como tú o completamente lo contrario. Es la cruda realidad de cómo funcionan estos algoritmos: recompensa la interacción, no la verdad.

Estos días, en medio de la tragedia sufrida a causa de la gota fría que azotó con fuerza nuestro país, podemos ver publicaciones de todo tipo. La mayoría de ellas son auténtica basura de cuentas que buscan el «like», compartiendo o generando contenido como robots, sin profundizar en la veracidad de los hechos. Somos el combustible del algoritmo, y el algoritmo no distingue entre la verdad y la mentira. Lo único que tienen en común estas publicaciones es que confrontan a los usuarios.

Por ejemplo, se han hecho virales numerosos vídeos de la Guardia Civil supuestamente deteniendo a personas por robar en propiedades privadas del lugar de la catástrofe. Digo «supuestamente» ya que, con un trozo de vídeo o una imagen, no conocemos el contexto real de esa situación. Ni siquiera sabemos si es una imagen o vídeo real, o si está creado por alguna IA. En sus comentarios, peleas entre los usuarios: unos defendiendo que esos efectivos de la Guardia Civil no son bomberos ni cuerpos de rescate y que están haciendo su trabajo; otros acusándolos de no emplear su tiempo en el rescate de personas.

También me llamó la atención la cantidad de publicaciones sobre la empresa Mercadona y su CEO, Juan Roig. En este caso, las opiniones son de lo más diversas. Hay quien afirma que estamos ante una campaña para destruir al conocido empresario en respuesta a un supuesto pulso que mantiene con el gobierno, y que viene a continuar lo vivido con los polémicos «cartelitos» anunciando la subida del IVA que pudimos ver en los establecimientos de la cadena. Este colectivo también se posiciona en que partidos políticos que llegaron a coger mucha fuerza como Podemos o Ciudadanos se hundieron tras una campaña mediática que los dejó enterrados. Otro colectivo acusa al empresario de «asesino» por mantener los establecimientos abiertos el día que se produjo la catástrofe. Tampoco faltan los usuarios que muestran su apoyo a Juan Roig y afirman que es una persona muy generosa y volcada en ayudar con sus recursos a las víctimas del suceso.




El gobierno español afirma que estamos ante una campaña internacional de desinformación, y que se están divulgando bulos sobre lo ocurrido en medios de comunicación de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Muchos otros usuarios de internet afirman que la desinformación es la que está ofreciendo el Estado español a sus ciudadanos.


Todas estas diferencias en la manera de opinar nos llevan a confrontaciones continuas. Ya estén alimentadas por poderes ocultos que mueven los hilos o por nosotros mismos, los propios usuarios que creamos nuestra propia distopía. A veces, no necesitamos grandes conspiraciones para caer en la trampa: simplemente, nos dejamos llevar por el ruido y la urgencia de opinar.




Este domingo 3 de noviembre de 2024, los principales medios de comunicación mundiales divulgaban imágenes del presidente de España huyendo durante una visita a las zonas afectadas, tras un grupo de ciudadanos enfurecidos que el propio presidente calificó más tarde de «violentos absolutamente marginales», acompañadas de imágenes de agresiones verbales y lanzamiento de objetos y barro a los Reyes de España

Posiblemente tu opinión inconscientemente se verá sesgada por si estás a favor o en contra de la fuerza política que gobierna, o por si eres monárquico o republicano. Pero, ¿te paraste a reflexionar qué impacto puede tener esto para los ciudadanos y dirigentes de otros países con distintas culturas, ajenos a la realidad de vivir en España? ¿Cómo nos afectará esto como país?
Os invito a reflexionar sobre si lo ocurrido con los Reyes de España es una muestra real de inconformidad social hacia sus figuras o si es el fruto de una población castigada por la tragedia con el corazón roto que es influenciada por los medios de comunicación y difusión en los momentos mas duros de sus vidas.

La información, la desinformación o la sobreinformación dependen exclusivamente de ti. Vivimos en una era en la que los datos no dejan de crecer, nuestra dependencia por la tecnología es cada vez mayor, y, lo quieras o no, influirá en tus opiniones, decisiones y personalidad. No podemos ser simples consumidores pasivos de contenido: debemos ser críticos y responsables.

Por favor, no fundamentéis vuestras opiniones ni decisiones en lo que pone en internet alguien que cuenta lo que ha visto en la cuenta de un amigo, al que su cuñado le contó que su jefe tenía un primo que conocía a alguien que lo vio con sus ojos. Es mejor que limites los temas que consumes y los contrastes. A veces, menos es más. Y sobre todo, aplica la vieja máxima: duda, pero duda con criterio.

Scroll al inicio