La Trampa Digital Europea – Cómo la UE Quiere Tumbar el Cifrado y Controlar Tu Privacidad

Mientras tú te peleas con el WiFi del bar o dudas si usar Safari o Chrome, la Unión Europea está cocinando algo mucho más serio: un ataque directo al cifrado de extremo a extremo y a las VPN. Y no, no es una teoría conspiranoica ni una exageración sacada de Reddit. Es una propuesta real que está ganando forma en Bruselas con la excusa de “protegernos mejor”. Spoiler: lo que protege es el acceso a tus datos.

¿Qué está pasando realmente?

El Grupo de Alto Nivel (HLG), que suena a grupo de WhatsApp de burócratas con toga, ha dicho bien claro que el cifrado y las VPN son un obstáculo para la aplicación eficaz de la ley. Lo han dejado por escrito en un informe de marzo de 2025, y lo que se viene es una posible batería de leyes que exijan a las plataformas tecnológicas abrir la puerta trasera del cifrado. Literalmente.

¿Qué es el cifrado de extremo a extremo?

Es un sistema que protege tus mensajes de principio a fin. Solo tú y la persona con la que hablas podéis leer el contenido. Ni WhatsApp, ni Signal, ni siquiera el FBI pueden ver lo que estás escribiendo, porque el mensaje se cifra en tu móvil y solo se descifra en el del receptor. Si alguien intercepta el mensaje por el camino, solo verá una sopa de caracteres sin sentido.

Romper este cifrado equivale a instalar micrófonos en todas las conversaciones privadas. Y si una autoridad puede escucharlo, otra también. Y un hacker también. Y tu ex, con suficiente mala idea y herramientas, también.

Reino Unido y China – Las versiones beta del futuro que no quieres

No hace falta tener mucha memoria para recordar lo que intentó Reino Unido con la Online Safety Bill. Bajo el noble lema de “proteger a los niños”, el gobierno de Rishi Sunak quiso forzar a plataformas como Apple o Meta a escanear mensajes cifrados antes de que fueran enviados. Sí, querían romper el cifrado por sistema.

La presión fue tal que WhatsApp y Signal amenazaron con irse del país si eso seguía adelante. El propio Apple se plantó (milagros ocurren) y dijo que no implementaría esa vigilancia. Al final, el proyecto se suavizó, pero dejó claro que la privacidad para ellos es opcional si se interpone en su agenda.

Y si nos vamos a China, directamente no hay ni postureo. El cifrado está regulado, las VPN están prohibidas salvo que uses las del Estado, y cualquier sospechoso puede ver su móvil requisado con acceso total a su contenido. ¿El resultado? Vigilancia masiva justificada en nombre de la seguridad nacional. El paraíso del control.

¿Y nosotros qué? Pues que ya estamos en la lista

La excusa de la UE es siempre la misma: luchar contra el terrorismo, la pornografía infantil, el narcotráfico… Y ojo, nadie en su sano juicio quiere defender a esos elementos. Pero el problema no es el objetivo, es el método.

Cuando te cargan una legislación que permite vigilar a todos, lo que haces no es atrapar criminales: es tratar a toda la ciudadanía como sospechosa por defecto. Y ahí está la trampa: se normaliza el acceso a datos privados bajo el mantra del bien común.

Lo dijo Edward Snowden y lo repiten hoy expertos de EFF, Privacy International y medio internet con dos dedos de frente: no puedes crear una puerta trasera solo para los buenos. Si debilitas el cifrado, no lo haces solo para la policía. Lo haces también para los hackers, para gobiernos autoritarios, para terceros con recursos y mala leche. Es como quitarle la cerradura a tu casa porque la policía necesita entrar más rápido.

¿Y las VPN? El siguiente objetivo

En el mismo informe, las VPN aparecen como un “desafío técnico”. No porque sean malas, sino porque permiten a los usuarios ocultar su ubicación y saltarse censuras o geobloqueos. Es decir, porque funcionan.

¿Qué hacen las VPN?

Una VPN (Red Privada Virtual) crea un túnel cifrado entre tu dispositivo y un servidor externo. Eso hace que tu proveedor de internet (y cualquier curioso) no vea lo que haces en la red. Además, puedes simular que estás en otro país, útil para acceder a contenido bloqueado o para esquivar la censura en países autoritarios.

Por eso molestan: porque dificultan la vigilancia. Porque te permiten navegar de forma anónima y segura. Y eso, para algunos gobiernos, es un problema. Si no pueden ver lo que haces, no pueden controlarte.

Atacarlas significa no solo frenar el anonimato online, sino romper con herramientas que usan desde activistas en países represivos hasta periodistas, abogados o tú mismo si no quieres que Movistar o Vodafone vendan tu historial de navegación como si fueran caramelos.

El precio de una falsa seguridad

Cargar contra el cifrado es como apagar las luces de toda la ciudad porque un ladrón usa gafas de sol. Es ineficaz, desproporcionado y peligroso. La seguridad no puede construirse a base de sacrificar libertades esenciales. Y si no peleamos por nuestro derecho a la privacidad digital ahora, mañana ya será demasiado tarde. Porque el control, cuando se normaliza, no retrocede.

Y ojo con esto, la capa superficial de internet, la que todos usamos a diario, se ha convertido en una trampa cada vez más hostil para la privacidad. Navegar con Chrome, chatear por WhatsApp, comprar en Amazon o subir un vídeo a Instagram es como hacerlo bajo un foco de interrogatorio. Todo queda registrado, analizado y monetizado. Cada vez que das clic, das un dato. Y eso, para muchos gobiernos, es un arma perfecta.

Frente a eso, la alternativa no es el anonimato total por capricho, sino recuperar el control. Y por eso, cada día más gente está migrando hacia caminos que hace unos años se veían extremos, la dark web como espacio de comunicación sin censura, sistemas de mensajería propios que no dependen de servidores de terceros, y hasta redes de telecomunicaciones descentralizadas que funcionan sin operadoras ni vigilancia.

No es paranoia. Es autodefensa digital.

Porque si la privacidad es criminalizada, nos están empujando a todos hacia un escenario donde protegerse de la vigilancia será visto como algo sospechoso. Y en ese mundo, la libertad no es más que una palabra hueca.

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