Alphanet – La Red de Vigilancia que se Extiende por Cataluña

Hace unas semanas mientras hacía un café en un bar de la población en la que resido, La Seu d’Urgell no pude evitar escuchar la conversación de un grupo de parroquianos que hablaban de que habían puesto un radar nuevo en una calle del pueblo.
Me extrañaba mucho, pero la curiosidad me llevó a acercarme al punto para verlo con mis propios ojos.
Allí estaba. Todo el mecanismo estaba sujetado mediante bridas a media altura de una farola de alumbrado. Una caja de registro sobre la que había una cámara con distintos sensores.
Una inscripción que ponía «Alphanet» en la tapa de la caja de registro, de la cual bajaba un cable hasta casi la base de la farola a donde se conectaba.
Era una instalación provisional, ya no está.
Al llegar a casa por curiosear de qué se trataba, busqué información sobre Alphanet, una empresa con sede en Barcelona de la que nunca había escuchado hablar, pero que sin embargo desempeña un papel importante en nuestra vida cotidiana, especialmente si resides en Cataluña.

¿Quién está detrás de Alphanet?

Esta empresa se llama Alphanet Security Systems S.L. y su fundador y administrador único es Francesc Minguillon Carreras, ingeniero informático formado en la UPC y con un máster en liderazgo por IESE. Nada particularmente llamativo si no fuera porque su compañía ha sido adjudicataria de más de 220 contratos públicos con ayuntamientos catalanes por un total que ronda los 7,4 millones de euros. En muchos de esos concursos, Alphanet fue la única empresa que se presentó. Ninguna competencia. Ni rastro de grandes tecnológicas. Curioso, cuanto menos.

La tecnología del control absoluto

¿Y qué vende Alphanet? No solo instala cámaras. Su negocio es el control. Proveen a los ayuntamientos de sistemas de videovigilancia con reconocimiento de matrículas, seguimiento de vehículos, detección de movimientos y análisis de vídeo inteligente. Todo esto se gestiona desde una plataforma central llamada AlphaDataManager, desde donde los cuerpos de seguridad pueden monitorizar en tiempo real cualquier actividad registrada por los dispositivos. También venden sistemas de alertas automáticas y almacenamiento masivo de datos para su posterior consulta o cruce con otras bases de datos.

El nivel de detalle que recogen estos sistemas no es menor: matrículas, horarios, trayectorias, patrones de comportamiento. Información sensible de ciudadanos que, en su mayoría, ni siquiera saben que están siendo monitorizados cada vez que cruzan una calle con una de estas cámaras.

¿Qué pasaría si esa información cae en manos equivocadas?

La pregunta es: ¿qué pasa si un día esta infraestructura sufre una brecha de seguridad? Porque no estamos hablando de cuatro cámaras en la plaza mayor. Hablamos de miles de registros con matrículas, ubicaciones, horarios y patrones de movilidad de ciudadanos. Si un ciberatacante accede a ese sistema, no solo podría manipular datos o generar falsas alarmas, sino que podría literalmente vigilar a cualquier vecino. Saber cuándo sales de casa, por dónde te mueves, cuándo vuelves. Esa información en manos de un delincuente es una bomba.

Y si piensas que esto es ciencia ficción, recuerda que en los últimos años incluso organismos estatales han sido víctimas de ciberataques. Nadie está a salvo. Y cada nueva cámara instalada sin control público ni transparencia democrática, es un riesgo añadido.

¿Vale la pena este precio por una falsa sensación de seguridad?

El discurso de «lo hacemos por tu seguridad» ya no cuela cuando los pequeños delitos siguen aumentando en las grandes urbes a pesar del despliegue masivo de tecnología. Hemos sacrificado privacidad, libertad de movimiento y anonimato, y no estamos ni más seguros ni más tranquilos. La tecnología no sustituye ni la prevención social ni la presencia policial efectiva.

Mientras tanto, empresas como Alphanet crecen en la sombra con contratos públicos poco transparentes, sin oposición real en las licitaciones, y desplegando sistemas de vigilancia que la mayoría de los ciudadanos ni sabe que existen.

¿Y si La Seu d’Urgell fuera el siguiente objetivo?

Sería esa cámara que vimos… ¿una prueba piloto? ¿Será La Seu d’Urgell el próximo nombre que se muestre en la basta lista de clientes de Alphanet?

Porque cuando la vigilancia se normaliza y la opacidad se institucionaliza, el problema ya no es la tecnología. El problema somos nosotros por no cuestionarla.

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