Explosiones en Cadena: La Operación de Inteligencia de Israel que Desató el Caos en Hezbollah

Una serie de explosiones simultáneas en dispositivos portátiles ha dejado al menos ocho muertos y más de 2,700 heridos, la mayoría miembros del grupo chií Hezbollah. Las detonaciones, presuntamente orquestadas por la inteligencia israelí, han sido calificadas como una de las operaciones más sofisticadas jamás vistas.

Inteligencia de Israel

El 17 de septiembre de 2024, el Líbano fue sacudido por una serie de explosiones que ocurrieron en diversos puntos del país, afectando gravemente a miembros del grupo chií libanés Hezbollah. Según fuentes de seguridad citadas por Reuters y el Jerusalem Post, los dispositivos portados por los integrantes del grupo terrorista explotaron simultáneamente en varias regiones del Líbano y Siria, lo que llevó a muchos a especular sobre un posible ataque israelí.

Hezbollah ha señalado directamente a Israel como el autor de las explosiones. Según informes, la inteligencia israelí habría intervenido en los dispositivos de comunicación de Hezbollah, causando un sobrecalentamiento en sus baterías de litio, lo que desencadenó las explosiones. El experto en relaciones internacionales, Agustín Antonetti, describió la operación como una «de película», destacando el nivel de sofisticación técnica alcanzado por los servicios de inteligencia israelíes.

El impacto fue devastador. Miles de heridos, en su mayoría con lesiones en las manos y extremidades, abarrotaron los hospitales de Beirut, Damasco y otras regiones. Incluso el embajador iraní en Líbano, Mojtaba Amani, resultó herido por una de las explosiones, un indicio de lo masivo y coordinado del ataque.

Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, había advertido previamente a sus combatientes sobre el uso de dispositivos móviles, señalando que Israel podría usarlos para rastrear sus movimientos. Estas advertencias ahora parecen premonitorias, ya que los informes indican que la tecnología empleada para activar las detonaciones fue de última generación.

El gobierno libanés ha confirmado la muerte de ocho personas y la herida de más de 2,700, muchas de ellas en estado crítico. Las autoridades locales han hecho un llamado urgente para la donación de sangre, y los hospitales luchan por manejar la oleada de pacientes que llegan con lesiones graves.

Las teorías sobre cómo se orquestaron las detonaciones varían. Algunos funcionarios de Hezbollah han sugerido que el sobrecalentamiento de las baterías de litio, quizás inducido por un virus informático, fue lo que desató las explosiones. Sea cual sea la causa exacta, lo cierto es que este ataque ha marcado un hito en las operaciones de inteligencia en la región, demostrando un control casi total sobre los dispositivos de comunicación del grupo terrorista.




La intervención de la inteligencia israelí ha desatado el caos en Hezbollah, dejando a sus líderes en estado de alerta. Esta operación, que combina ciberataques con explosiones físicas, establece un nuevo estándar en la guerra tecnológica moderna. La vulnerabilidad de Hezbollah frente a estos ataques pone de manifiesto la creciente importancia de la tecnología en los conflictos del siglo XXI. ¿Es este el inicio de una nueva era de ciberguerra?

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