Quién controla el espectro radioeléctrico

A simple vista, el aire parece un sitio sencillo: pájaros, aviones, polen, y tus ondas del WiFi colándose por ahí.
Pero nada de eso es tan libre como crees.

El espectro radioeléctrico —ese espacio invisible por donde viajan tu WhatsApp, la TDT, el 5G, las balizas marítimas y tus señales de SDR— está tan regulado que a veces parece un edificio con más puertas que vecinos.

Y como todo lo que parece simple, detrás hay un ecosistema de poder: gobiernos, reguladores, corporaciones, organismos internacionales, fabricantes…
Todos metiendo mano en ese recurso natural que, en teoría, “es de todos”.

Hoy vamos a recorrer ese edificio frecuencia por frecuencia.
Sube conmigo; la portería la pone la ITU.

1. La ITU-R — El portero global del edificio de las ondas

En la planta baja está la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el árbitro mundial que decide qué se puede hacer en cada banda.
El Reglamento de Radiocomunicaciones que mantienen es un tratado internacional que todos los países firman y deben cumplir.

Cada pocos años, en las Conferencias Mundiales de Radiocomunicaciones (WRC), los países renegocian el reparto global.
Nada es definitivo en este tablero.

La UIT no construye antenas ni da licencias, pero define el plano de la ciudad electromagnética.
Sin ese plano, todo chocaría con todo.

2. El Estado español — Dueño legal del aire

Subimos a la planta del Estado.
En España, el espectro está declarado bien de dominio público estatal, según la Ley 9/2014 de Telecomunicaciones.

Eso significa que no puedes montar tu emisora casera a 2 kW porque te apetece.
El Estado reparte el espectro como reparte parcelas: con orden, papeles y licencias.

Ahí entra el Cuadro Nacional de Atribución de Frecuencias (CNAF).
Es básicamente el mapa de carreteras del aire: qué banda sirve para móvil, cuál para satélites, cuál para emergencias…

Es el terreno base donde veremos a todos los demás actores moverse.

3. Reguladores — Los vigilantes que evitan el caos invisible

Más arriba está el equipo que vigila que todo funcione, y no me refiero a esos policías de la radio que todos conocemos:
la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (SETELECO).

Ellos inspeccionan, sancionan, revisan interferencias, miden potencias, autorizan estaciones y dan permisos.
Como quien vigila que los vecinos no taladren a las 3 de la mañana, pero aquí hablamos de señales de 800 MHz cruzándose con otras de 5 GHz.

Dividen los usos del espectro en tres grupos:

  • Privativo: móvil, TDT, defensa…
  • Especial: radioaficionados, investigación…
  • Común: WiFi, Bluetooth…

Si un servicio invade la banda de otro, los reguladores actúan.
Aunque no las veas, las interferencias son tan reales como un martillo en la pared contigua.

4. Operadoras — Los que levantan la ciudad de antenas

Llegamos a los pisos altos, donde viven quienes realmente mueven el tráfico: las operadoras.
No son dueñas del espectro, pero pagan millones en subastas para alquilarlo y luego construyen la red real: torres, repetidores, fibra, estaciones 5G.

Tú ves una barra de cobertura.
Ellos ven dinero, obligaciones, mantenimiento, normativa y montañas de permisos.

La fiebre del 5G — las subastas del siglo

Banda 3,5 GHz

Es la autopista principal del 5G.
A partir de 2018 se subastaron bloques de esta banda, pieza clave para los servicios móviles avanzados.

Banda 700 MHz

La joya de la corona: llega lejos, atraviesa paredes y cubre zonas rurales.
Pero estaba ocupada por la TDT.

Resultado: reordenación de canales, resintonización nacional y adiós a la vieja TDT en esa banda.

Nada de esto existe sin las operadoras.
Los gobiernos reparten bandas, pero quienes hacen realidad la conexión son ellas.

5. Fabricantes — Los que deciden qué bandas existen en tu móvil

El Estado puede abrir una banda, pero si tu móvil no la soporta…
para ti no existe.

Cada router, estación base o smartphone debe cumplir normativa técnica de equipos radioeléctricos: compatibilidad electromagnética, potencias y bandas permitidas.

Aquí el poder es silencioso: el fabricante elige qué bandas soportar y cuáles no.
Y eso afecta a millones de usuarios sin que nadie proteste, porque ni se enteran.

6. Plataformas — Los que influyen sin tocar una sola antena

Luego están los grandes jugadores del tráfico: TikTok, Netflix, Twitch, WhatsApp.
No gestionan espectro, pero lo moldean.

Cuando cambian los hábitos —más vídeo, más streaming, más juegos online— los reguladores se ven obligados a reasignar banda, abrir nuevas frecuencias o impulsar redes más densas.

No tocan ni un cable, pero mueven el tablero.

7. Conflictos de interferencias — cuando dos señales no quieren compartir pasillo

A veces el espectro se pone tenso.
Y aparecen los conflictos.

5G vs TDT (700 MHz)

El segundo dividendo digital obligó a reorganizar antenas y resintonizar televisores para evitar conflictos.
Miles de instalaciones comunitarias tuvieron que adaptarse.

Aviación vs 5G

Informes internacionales han alertado sobre posibles interacciones entre algunos despliegues 5G y altímetros de aviación.
Un recordatorio de que las bandas aeronáuticas no quieren vecinos ruidosos.

Cuando el aire se llena, alguien tiene que ceder.

8. Las bandas más polémicas — las zonas calientes del espectro

Onda Media (AM) — El apagón silencioso que casi nadie está contando

Durante medio siglo, la Onda Media fue la banda reina para llegar lejos sin complicarse la vida: cobertura enorme, robusta, barata, audible a cientos de kilómetros con un simple transistor.

Pero en España se está apagando.
Transmisores desconectados, centros cerrados y migración hacia FM e internet.
Un proceso lento, administrativo, casi sin titulares… pero imparable.

Las emisoras públicas y privadas justifican la retirada por costes energéticos, poca audiencia y necesidad de modernizar redes.
Y el Estado autoriza los ceses, porque la banda ya no es estratégica.

¿El destino?
El empuje hacia modelos de radiodifusión digital como DAB/DAB+, que permite agrupar varias emisoras en un mismo múltiplex y usar el espectro de forma más eficiente, aunque la implantación en España vaya muy por detrás de otros países europeos.

La AM es un ejemplo perfecto de cómo un país puede dejar morir una tecnología entera del espectro sin un gran decreto: sólo con apagados escalonados y silencios cada vez más largos en el dial.

2,4 GHz — la banda que lo aguanta todo

Entre WiFi, Bluetooth, sensores IoT y el microondas, esta banda es la reunión de escalera más ruidosa del edificio.
Es la banda donde todo el mundo se ha colado porque era «fácil» y de uso común.

El resultado: saturación, interferencias y malentendidos entre routers, dispositivos y cacharros varios peleando por el mismo hueco.

6 GHz — la batalla del futuro

Europa ha empezado a abrir la parte baja de los 6 GHz para WiFi 6E.
La parte alta la mira la industria móvil para futuras redes.

Es la parcela más codiciada para la próxima década: ancha, jugosa y todavía en disputa.

26 GHz — promesa olvidada

Alta capacidad, alcance corto.
Ideal para estadios, ferias, estaciones y zonas muy densas.

Sobre el papel es la banda que iba a darle al 5G velocidades absurdas.
En la práctica, su despliegue real va mucho más lento de lo esperado.
Un solar semivacío esperando su gran momento.

9. Radioafición — El espíritu libre dentro del laberinto

Por suerte existe un rincón donde la curiosidad aún manda: la radioafición.
Personas que se examinan, obtienen licencia y exploran el espectro con pasión.

Comunican desde cualquier lado, experimentan con propagación y crean comunidad.
Todo dentro de límites claros de potencia, modos y bandas.

Es una de las pocas actividades donde el espectro se vive desde dentro y no desde un contrato de datos.

10. El mapa del poder — una torre con muchas llaves

Si miramos todo desde arriba, el control del espectro es una coreografía:

  • La UIT traza el diseño global.
  • El Estado posee el recurso.
  • SETELECO lo administra y vigila.
  • Las operadoras construyen la red real.
  • Los fabricantes deciden qué bandas ves.
  • Las plataformas empujan la demanda que lo reconfigura.

No hay un único dueño.
Es un equilibrio de fuerzas, intereses y necesidades que se mantiene porque, de lo contrario, reinaría el caos.

11. Lo natural y lo reglado

Las ondas electromagnéticas existen desde siempre.
No son humanas, no son políticas, no entienden de fronteras ni de licencias.
Son una parte natural del universo: la luz, el calor, la radiación de fondo.
Su hogar original es el cosmos, no un boletín oficial.

Pero cuando las usamos para comunicarnos, para coordinar aviones, para transmitir datos o para pedir una pizza…
entonces necesitamos orden.

Hemos convertido un fenómeno natural en un recurso regulado.
Y esa regulación es necesaria, sí, pero también nos recuerda una cosa:

Las ondas pertenecen al universo.
El uso pertenece a la sociedad.
Y la responsabilidad —vigilar, cuestionar, mejorar— nos pertenece a nosotros.

Mientras tanto, el aire sigue lleno de señales invisibles, viajando silenciosas entre torres, satélites y tejados.
Y detrás de cada una hay una historia, una norma, una licencia… y un poquito de poder.

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